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LAUREANO MÁRQUEZ Esto ahora sí que no lo entiende nadie. Vamos a ver: La Asamblea Nacional que delega casi todas sus funciones legislativas en el Ejecutivo se arrecha porque el Tribunal Supremo, que ha modificado asuntos de rango constitucional sin que nadie haya dicho esta boca es mía, cambia el artículo de una ley, que ni siquiera tiene que ver con la reelección indefinida, único asunto que preocupa al gobierno, y lo acusa de “usurpación de funciones”.
Mientras tanto, se adelanta una reforma constitucional de la que nadie conoce su contenido. La verdad es que es una situación extrema, límite que llaman, como si alguien acusara de imparcial al Defensor del Pueblo. El diputado Ionesco toma la palabra y después de decir con voz calmada: “Qué curioso, qué extraño y qué coincidencia”, afirma que el grupo de los 7 (magistrados) constituyen una “mafia”. Para que alguien dentro del gobierno acuse de mafioso a otro tiene que ser porque hay algo de envergadura en todo esto (¡cuidaaao!). Porque a mí nadie me va a decir que unos diputados que no han investigado casos de corrupción de los que sabe hasta el gato que ronronea por los alrededores del Capitolio, están preocupadísimos por el cambio de un artículo que “lesiona el erario público”. ¿Y el mitin de Argentina? Aquí se confundieron las lenguas. Todo parece significar algo distinto, como si la metáfora y metamensaje hubiesen colonizado nuestras vidas. Pero, como dicen los infomerciales gringos, “There is mooore” : El Dr. Carlos Escarrá, abogado constitucionalista, pide cárcel para unos magistrados que son, casualmente, de la Sala Constitucional, porque cambian el artículo de una ley, siendo —para decirlo en términos jurídicos— que el parágrafo sexto del artículo quinto de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo dice que, entre las atribuciones del máximo tribunal, está la siguiente: “Declarar la nulidad total o parcial de las leyes nacionales y demás actos con rango de ley de la Asamblea Nacional, que colidan con la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela...” ¡Ejusdem... ejusdem! (perdón, por la carrasperita).
Es el país de Jauja (Elías).
Mientras, el Presidente insta a sus copartidarios a que le abandonen y estos afirman que papá tiene razón de reaccionar así y botarlos de la casa, que ellos saben que se ganaron unos correazos y, cual hijo pródigo, dicen al padre: “no merecemos llamarnos hijos tuyos... trátanos como al peor de los escuálidos, pero déjanos seguir a tu lado”.
Señores, a mí no me frieguen, todo esto tiene que ser una estrategia. Las palabras aquí, seguramente, significan algo distinto a lo que habitualmente refieren. Todo diccionario es inútil, cualquier comunicación es imposible y cada cabeza es un mundo.
Después de que todo esto pase y el Helicoide sea sólo ruinas, algún Chaparrón vendrá y desfrisará los frigoríficos. Y lo vejo asta aquí porque la boina perece cen saltamente contra giosa. Ah Dios. Diario Tal Cual Viernes 23 de marzo de 2007.-
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