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La sucesora de Lula en el gigante vecino del Brasil es una mujer de posiciones, de valores, por lo que se engañan quienes creen que con ella tienen a una autómata que gobierna bajo algún tutelaje. Ocurrió con el tema Irán, en cuyo caso condenó la barbarie de la segregación y maltrato de mujeres bajo la égida de un gobierno teocrático. A pesar de que desde Caracas y otros espacios la “conminaaron” para que aplaudiera al gobierno iraní incondicionalmente, ella fijó una posición que retumbó en la Diplomacia internacional y en la conciencia de los pueblos progresistas del mundo. Ahora ocurre otro tanto frente a la matanza de civiles en la enloquecida, cruel y despiadada política que lleva a cabo el gobierno sirio de Bashal Al Assad, por lo que Dilma Rousseff ha salido al paso para “condenar vehementemente” esta barbarie que protagoniza el poder constituido sirio. Desde una posición borbónica y con el argumento de la acechanza imperial norteamericana, cierta izquierda ha pretendido mirar para un lado frente al festín de horror e inhumanidad que representa la matanza que lleva a cabo el gobierno Sirio, pero salió Brasil, con Dilma a la cabeza este fin de semana, para expresar su contundente repudio a esta situación tan penosa. Todos los movimientos progresistas del mundo debieran seguir el ejemplo, ya que se es de izquierda por valores superiores ante la vida, ante la humanidad, y no por cálculos de poder.
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