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Como todo gobierno totalitario, los cimientos del régimen se basan pretender imponer el silencio y el desprecio a la inteligencia libre y democrática. Los gobiernos comunistas aborrecen el libre albedrío, la libertad de ideas, porque son enemigos de aquellas personas que se toman el “atrevimiento” de pensar distinto a sus deseos.
El régimen de Hugo Chávez sufre de urticaria con las expresiones de inteligencia y lucidez del pueblo, de los ciudadanos. Lo domina la cólera cuando se genera la necesaria opinión divergente que contraría sus deseos de aplicar un solo criterio según sus máximos deseos. Este gobierno es enemigo de la cultura y actúa con la mente fascista de Joseph Goebbels, quien ingenió la frase: “Cuando escucho la palabra cultura, tomo rápidamente mi revólver”. Así como ocurrió en los regímenes de Hitler, Stalin, Mao, Mussolini, el “comandante de Sabaneta” arremete contra la libertad de pensamiento y de opinión, y ha emprendido una constante persecución contra aquellos que enarbolan las banderas de la disidencia y levantan banderas de ideales diferentes a los que Estaban (Mauricio) profesa o trata de implantar. Ejemplo de esas persecuciones es el reciente caso del presidente de Globovisión, Guillermo Zuloaga, contra quien, por órdenes del “comandante de Sabaneta”, un tribunal genuflexo emprendió su búsqueda y captura con argumentos jurídicos absurdos, inconstitucionales. Y por esa misma razón, de odio a la libertad de opinión y de cercenamiento a la disidencia, es que el gobierno mantiene un acoso constante contra Manuel Rosales, líder nacional. El miedo que les produce a los jerarcas del régimen que Rosales retorne con voz clara y precisa para seguir defendiendo los intereses de la nación, les provoca un estado de histeria colectiva. Frente a esta estrategia de persecución, aplicada por el gobierno nacional con asesoría directa del régimen castrista, la vía del pueblo de Venezuela radica en rechazarla institucionalmente. Acostumbrado a la libertad, a expresarse abiertamente, todo el país debe ejercer su única arma, inscrita en el camino de la política: el derecho al sufragio como expresión de la defensa de nuestra democracia. Con el voto que ejerceremos el próximo 26, rechazaremos el autoritarismo, la imposición mediática y defenderemos nuestro albedrío para pensar y opinar con absoluta libertad, como ratificó acertadamente Monseñor Urosa Savino al país y a los diputados rebullones de la Asamblea Nacional. Es necesario votar para que se den los cambios, para restaurar plenamente la libertad de expresión, para defender los medios de comunicación y para exigir el respeto a la inteligencia y la disidencia. Es nuestro gran compromiso histórico.
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