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Todos los días una pelea, una guerrita, una disputa que se traduce en bronca infinita de un cogollo colorao que se cree gallo de patio. Es la concepción que está en una mente, una psique que sólo concibe la vida destruyendo, peleando; o sea, cayéndose a trompadas para comunicarle al mundo su existencia.
Esa es la concepción del mundo de los poderosos del presente. Su rabia con la vida los hace pelear con todo aquel que se atreve a tener pensamiento propio. Al mismo tiempo presentan como héroes a quienes le adulan. Pero luego de eso, vuelven a la camorra permanente como mecanismo de subsistencia. En las últimas horas el cogollo rojo se ha lanzado en feroz campaña de improperios y groserías contra Colombia, Holanda y hasta el Vaticano. A la Iglesia venezolana, valiente y decidida en esta hora, la golpea y maltrata de forma sanguinaria. A gobiernos como el de Perú, Costa Rica, México y Chile, les escupe la cara tratando de que salgan al ruedo para entromparse desgañitando vulgaridades de las más acabadas. A grupos diversos e instituciones, desde el PP español hasta la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, le disparan una catarata de vulgaridades y desplantes para dárselas de machotes delirantes dispuestos a todo para la pelea. ¿Y eso por qué? Porque ellos defienden una visión del mundo que consideran necesaria de imponer, concepción que por cierto implica que ellos (los del cogollo rojo) merecen mando perpetuo. Quieren gobernar toda la vida, y a quien ose cuestionarlo, están dispuestos a caerle encima como jauría. Mientras tanto, ¿quién gobierna; quién arregla las calles, los hospitales, las escuelas, enfrenta a la criminalidad y protege a los ciudadanos? Pobre gobierno el de este cogollo peleón, por más que esté en el poder en estos momentos, se ha traducido en una mala experiencia para buena parte de la población. Solo una asamblea nacional con nueva composición política, le dará el respiro necesario a Venezuela. Por eso es tan importante el 26. Dr. en Políticas Públicas
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