|
Como sabemos el pueblo de Colombia ha tenido que vivir bajo el yugo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, conocidas como FARC, desde el año 1964. Las FARC son un grupo guerrillero que se autoproclama marxista-leninista y sus operaciones se ubican en Colombia, pero el impacto de las mismas tiene alcances en países fronterizos como Venezuela, Ecuador, Panamá y Perú. En sus acciones guerrilleras efectúan ataques terroristas, asesinato de civiles y militares, extorsión y secuestro, atentados y hasta trafican con narcóticos, de esto último obtienen casi el 80% de su presupuesto.
Desde ese año, muchos han sido los presidentes del vecino país que han querido resolver los problemas que las FARC causan a su pueblo, aplicando diferentes métodos para este propósito, entre los que más destacan el diálogo, la distensión y el ataque. Asimismo las salidas que se han buscado al problema han ameritado la ayuda de otros mandatarios de la región, especialmente la de los países vecinos a Colombia, que viéndose afectados por este grupo terrorista, como fue calificado por treinta y un países en el mundo, se han preocupado porque se resuelva definitivamente este conflicto armado. Colombia en 1998, en el mandato de Andrés Pastrana, suscribió con Estados Unidos de América el Plan Colombia, que no es más que un acuerdo militar bilateral para combatir el narcotráfico (y con ello el principal ingreso económico de las FARC). El Plan en todas sus fases y modalidades fue siempre rechazado por el Gobierno de Hugo Chávez, quien asumiendo en el año 1999 la primera magistratura venezolana no respaldó, ni respalda, la lucha contra la guerrilla; y más aún, por el contrario, llegó a decir que “las FARC y el ELN son verdaderos ejércitos que ocupan espacio en Colombia” y que por tanto no deberían ser considerados grupos terroristas, lo que coloca al Presidente venezolano en el bando contrario al que lucha por erradicar este flagelo del pueblo colombiano; desconociendo, al mismo tiempo, que a pesar de su apoyo incondicional a las FARC no podía otorgársele beligerancia a los grupos terroristas porque para el derecho internacional no basta con la ocupación de territorio para justificar el reconocimiento de beligerancia de la guerrilla. Por supuesto, es asunto de la soberanía de Colombia cómo ese país enfrenta sus problemas, si tales medidas están ajustadas al marco de la ley y no violan los acuerdos internacionales de paz. Es así como, la instalación de bases militares de Estados Unidos de América en territorio colombiano en el marco del Plan Colombia, obedece a un asunto interno colombiano, propio de un Estado autónomo e independiente, que mientras no interfiera en el resto del hemisferio no puede ser juzgado y mucho menos condenado por la comunidad internacional si no se ha visto afectada por tales operaciones directas (tal como fue el caso de la captura del líder de las FARC, Raúl Reyes, en territorio ecuatoriano); menos puede ser condenado cuando los resultados que se han obtenido del Plan Colombia, en cuanto a la erradicación del narcotráfico y desmovilización de las FARC han sido considerados como positivos para la paz de Colombia. No así el Presidente Hugo Chávez como una de sus tantas medidas desproporcionadas, “congela” las relaciones diplomáticas con el vecino país, alegando que para “descongelarlas” Colombia debe retirar las bases militares de EE.UU. de su territorio, como si los alcances de su mandato fueran los de Bolívar en tiempos de la Gran Colombia, del tipo transfronterizos (por no haber fronteras) y pudiera decidir qué conviene para Colombia o no. Irónicamente en un momento fue Hugo Chávez quien participó para la resolución del conflicto armado de Colombia a través del canje humanitario de secuestrados y rehenes que tiene las FARC. Hoy, la historia y el desenlace de todos estos acontecimientos y otros conexos, nos demuestra que tal participación sólo tenía el propósito de incidir sobre el funcionamiento de la política interna colombiana, menoscabando la soberanía y violentando los principios básicos de la diplomacia internacional, que está llamada a respetar y no inmiscuirse en los asuntos internos de los Estados. Podríamos esperar del Presidente Hugo Chávez el “congelamiento” de las relaciones con Colombia, obviando lazos fraternales y comerciales que nos unen a ambas naciones desde antes de que Doña Helena de Chávez lo hubiera parido; toda vez que habiendo dicho públicamente su simpatía con las FARC, el presidente venezolano no consideraría estar a favor del Plan Colombia; lo menos que podía hacer el Mandatario nacional era enconarse, congelar relaciones, hacer de un problema interno de Colombia un caos venezolano. Pero lo que desde cualquier punto de vista es inaceptable y no podríamos esperar de un Mandatario elegido por el pueblo para gobernar los destinos de Venezuela, un país caracterizado por la paz, por la lucha a favor de la libertad de los pueblos, un país que siempre estuvo del lado de las causas nobles, es que las FARC estén en territorio venezolano, tal como lo estuvo Raúl Reyes en Ecuador donde murió en una operación combate de la Fuerza Armada de Colombia, ¿por qué el Presidente venezolano no ha hecho nada para evitar semejante atrocidad en territorio venezolano? ¿por qué además expone a los venezolanos a operaciones combate de este tipo cuando vengan por estos guerrilleros, como hicieron con Reyes, si está en conocimiento absoluto que Estados Unidos de América tiene bases en el vecino país producto del Plan Colombia? ¿por qué el Presidente Hugo Chávez conserva amistades peligrosas como las FARC? Muchas cuentas debe rendir quién hoy nos gobierna cuando en el 2012 deje el trono por decisión popular.
|